Todo empieza en la pintura
Los colores oscuros absorben la mayor parte del espectro de luz visible y la convierten en calor. Los colores claros, en cambio, reflejan una porción mucho mayor de esa luz antes de que se transforme en temperatura. Es la misma física que explica por qué una camiseta negra calienta más que una blanca un día soleado, aplicada a la carrocería completa de un vehículo.
Un laboratorio de energía de Berkeley comparó un Honda Civic plateado con uno idéntico en negro, ambos expuestos al mismo sol. La cabina del auto plateado se mantuvo entre 5 y 6°C más fría que la del negro, pese a no tener ninguna otra diferencia mecánica entre ambos.

Donde entra el aire acondicionado
Esa diferencia de temperatura no se queda solo en la incomodidad de subirse a un auto "horno". El aire acondicionado necesita trabajar con más fuerza y por más tiempo para bajar la cabina a una temperatura cómoda, y ese esfuerzo extra sale directamente del motor.
Enfriar el interior de un auto oscuro puede exigir hasta un 25% más de energía que enfriar uno claro en las mismas condiciones. A nivel de flota, ese esfuerzo adicional se traduce en un impacto real pero acotado sobre el consumo de combustible: entre 1% y 2% más en climas cálidos, según pruebas comparativas entre vehículos de distinto color.
No es un mito ni una exageración de redes sociales: el color sí importa. Pero tampoco es el factor que más pesa en la boleta de bencina. La presión de neumáticos, el mantenimiento y el estilo de manejo siguen influyendo mucho más que la pintura.
Para recordar
1. Oscuro absorbe, claro refleja.
2. Más calor, más A/C.
3. Impacto real pero moderado.