Un proyecto nacido en la universidad
Detrás de la idea está Kerim Taskin, diseñador que desarrolló el concepto durante sus estudios en la Dyson School of Design Engineering del Imperial College de Londres. Taskin terminó fundando la startup Sweren para llevar el proyecto al mercado, bautizando al vehículo como Swerv.
La premisa del diseño es simple: bajar el centro de gravedad al máximo cambia por completo la forma en que el cuerpo percibe la velocidad y el movimiento. Taskin cita como referencia estética las motos futuristas de la saga "Tron", y el resultado es un triciclo que se conduce en posición prona, con el piloto mirando hacia el asfalto que pasa a toda velocidad debajo de él.

@sweren.co.uk I designed and made the Swerv to help people feel instantly present and alive. The level at Brighton is a common place we visit but you can also book your ride at sweren.co.uk #fun #exhileration #design #brighton
♬ original sound - sweren.co.uk
Tres versiones, de la carretera al todoterreno
Sweren no ofrece un único modelo, sino tres variantes pensadas para distintos usos:
Una versión con asistencia al pedaleo homologada para circular por vías públicas en Reino Unido, un modelo íntegramente eléctrico con configuración todoterreno, y una tercera edición reducida orientada a niños, con estructura extensible para acompañar su crecimiento.
Mientras la variante para adultos usa un chasis de aluminio, la infantil se fabrica en acero inoxidable, priorizando la resistencia frente al uso intensivo.
Cómo probarlo antes de comprar
Antes de decidirse por la compra, Sweren invita a los curiosos a probar el Swerv en jornadas de puertas abiertas que organiza en el Velódromo de Preston Park, en Brighton. Cada sesión de 30 minutos cuesta 25 libras, unos 30 euros al cambio actual.
Precios
Los pedidos anticipados tienen condiciones promocionales: el modelo infantil parte de 2.299 libras (unos 2.685 euros), mientras que la versión para adultos arranca en 4.990 libras (aproximadamente 5.830 euros). Se trata de precios de lanzamiento, por lo que es previsible que suban una vez el vehículo entre en producción regular.
Con propuestas como esta queda claro que los vehículos de movilidad personal (VMP) ya no se limitan a patinetes y hoverboards: cada vez son más los diseñadores que usan esta categoría como terreno de experimentación, incluso a costa de la comodidad —o el sentido común— del usuario.
Fuente: Car and Driver.