Vert-a-pac, Chevrolet
Vert-a-pac | Foto: Chevrolet

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El problema que quiso resolver GM

En 1968, mover un auto en tren de costa a costa en Estados Unidos costaba no menos de 260 dólares. Para autos de lujo, esa cifra se diluía en el precio final. Pero General Motors estaba a punto de lanzar el Chevrolet Vega, un subcompacto pensado para público joven con un precio de apenas 2.090 dólares, y ese costo de transporte le pegaba directo al margen.

Junto a la Southern Pacific Railroad, GM ideó una solución radical: en vez de transportar los autos acostados sobre vagones planos como siempre se había hecho, los metería parados, en vertical, con el frente mirando hacia el suelo, colgados del chasis por cuatro ganchos. Le llamaron Vert-A-Pac.

Como pan en una tostadora

La comparación no es exagerada. Los vagones funcionaban con plataformas abatibles que se cerraban una junto a otra, dejando los autos empaquetados en filas verticales, igual que rebanadas de pan en las ranuras de una tostadora. Para cargar y descargar, se usaba un manipulador con pinzas tipo carretilla.

Datos - Prensa
Datos - Prensa

El sistema también tenía un beneficio colateral nada despreciable: empaquetados así, los autos eran mucho más difíciles de robar durante el transporte, algo que también preocupaba a los impulsores del proyecto.

Un auto diseñado para viajar de cabeza

Viajar en vertical con el motor a bordo y todos sus líquidos no es trivial. GM tuvo que rediseñar varias piezas del Vega específicamente para que soportara el viaje sin derramar nada:

  • Cárter con deflector de aceite
  • Carburador antievaporación
  • Batería con tapa antiderrame
  • Depósito de lavaparabrisas a 45°

Cada una de esas soluciones existía con un solo propósito: que ni el aceite llegara a los cilindros por accidente, ni el ácido de la batería se saliera, ni el combustible se evaporara, sin importar si el auto estaba parado, en camino o ya horizontal en el concesionario.

De la revolución al olvido

Diciembre 1968
Los primeros prototipos viajan desde la planta de GM en Lordstown, Ohio, hacia el resto de Estados Unidos.

1969
Continúan las pruebas hasta confirmar que los autos llegaban a destino sin daños.

Años 70
El Vega arrastra serios problemas de calidad de fábrica que terminan hundiendo al modelo.

Fin de vida del Vega

El Vert-A-Pac se abandona junto con el auto: estaba diseñado a su medida y no era viable para otros modelos.

Por qué nunca se repitió

El propio diseño del sistema era su límite. Construir un auto pensado para colgar de cabeza imponía restricciones de ingeniería que pocos fabricantes querían asumir. Sin un nuevo modelo diseñado bajo las mismas premisas que el Vega, el Vert-A-Pac no tenía cómo sobrevivir.

El dato que queda: hoy, transportar un auto en Estados Unidos puede encarecer su precio entre 900 y 1.200 dólares. El problema que el Vert-A-Pac quiso resolver en 1968 nunca desapareció; solo se resolvió de formas menos extremas.


Cómo se resuelve hoy

La industria abandonó la idea de colgar autos de cabeza, pero no el objetivo de aprovechar cada centímetro del vagón. Hoy el estándar son los autoracks de dos y tres niveles: vagones cerrados con plataformas horizontales apiladas, donde los autos viajan en su posición normal, sobre las cuatro ruedas, sin necesidad de reingeniería interna. Para distancias marítimas, los buques Ro-Ro (roll-on/roll-off) cumplen la misma función a escala global, cargando miles de vehículos que entran y salen rodando por rampas.
La ecuación de fondo sigue siendo la misma que persiguió GM en 1968: meter la mayor cantidad de autos posible por viaje para repartir el costo fijo del transporte. Solo que la solución ya no exige que el auto nazca diseñado para viajar parado de cabeza.