A mediados de 2026, a más de tres años del inicio de la administración de Aquiles Alvarez en Guayaquil, aún permanecen pendientes varias de las promesas y proyectos clave anunciados en campaña. A pesar de avances en obras visibles como los pasos elevados en la av. de las Américas y del Bombero, numerosos compromisos fundamentales para la movilidad y el espacio público siguen sin concretarse.
La gestión municipal hasta junio estuvo marcada por intervenciones urbanas, ampliación de servicios sociales, mejoras en parques y la extensión del agua potable en Monte Sinaí. Pese a esto, proyectos emblemáticos como el transporte fluvial siguen retrasados: aunque los estudios para su desarrollo finalizaron a inicios de 2026, falta crear la empresa pública Fluvivía y la aprobación del Concejo Cantonal.
Otro de los grandes anuncios, la iniciativa Malecón 3000 para la zona del parque Samanes, avanzó hasta los estudios y diseños, pero enfrenta retrasos por falta de permisos ambientales. En paralelo, la propuesta de renovación del centro de la ciudad —con la meta de transformar edificios vacíos en residencias universitarias y recuperar espacios públicos— muestra avances limitados, especialmente ante problemas como falta de vivienda y alta informalidad.

Avance en Metrovía y ejecución de obras viales
En movilidad, la troncal 4 de la Metrovía empezó a operar en 2025, mientras que la troncal 5 permanece en fase de actualización de estudios iniciados hace 17 años. De las obras viales en desarrollo, las más avanzadas son los pasos elevados de las avenidas Juan Tanca Marengo y del Bombero, ambos con más del 40 % de ejecución, y la reconstrucción de la av. Rodolfo Baquerizo Nazur, con un 25 %. El primer cuerpo del paso elevado del Bombero ya opera y el de Juan Tanca Marengo se prevé para octubre de 2026.
La planificación estratégica bajo cuestionamiento
Expertos consultados apuntan a la falta de una planificación centralizada y estratégica en la toma de decisiones municipales. El investigador Felipe Espinoza destaca que las intervenciones viales son aisladas y no responden a una jerarquización técnica definida, lo que impide que las obras contribuyan a un sistema de movilidad eficiente y equitativo en el largo plazo. El arquitecto Héctor Hugo señala la necesidad de prever cambios en la planificación debido a nuevas prioridades como seguridad o emergencias, pero advierte que esto debe ser transparente y con evaluaciones periódicas, evitando la improvisación constante.
Un ejemplo de estos tropiezos es el Malecón 3000, que tras estudios iniciales enfrentó trabas por la factibilidad ambiental y problemas técnicos para expropiaciones. Los expertos insisten en que identificar estos obstáculos de forma temprana permite una mejor gestión y uso eficiente de los recursos. Además, recalcan que la evaluación de las autoridades debe centrarse en el cumplimiento de la planificación y los compromisos adoptados en planes de desarrollo, presupuesto y rendición de cuentas, no únicamente en obras con alto perfil mediático.
Participación ciudadana y percepción social
César Cárdenas, del Observatorio de Servicios Públicos, critica la visión tradicional que prioriza la infraestructura de cemento sobre el bienestar integral y destaca la escasa participación ciudadana en las decisiones trascendentales. Reclama una gestión más abierta, con mecanismos que permitan a los ciudadanos participar y supervisar cómo se invierte el presupuesto municipal.
Entre los moradores persiste sensación de incumplimiento. Ciudadanos como Carolina Banchón y Gabriela Guerra muestran decepción ante la falta de avances en la revitalización del centro y la implementación de proyectos para devolverle vida urbana y seguridad. Otros vecinos, como Celso Salvatierra, consideran que primero deben concretarse las obras prometidas antes de anunciar nuevos proyectos, mientras que el tráfico y la falta de alternativas reales de movilidad continúan siendo problemas diarios.
La ciudadanía exige transparencia sobre lo cumplido y lo pendiente de las promesas electorales, resumiendo en una idea clave: Guayaquil necesita menos promesas y más hechos concretos que mejoren su calidad de vida.